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martes, 25 de marzo de 2014

Auron

 

Allí abajo esperaban piezas inconexas de un mundo roto, el hedor de sueños moribundos de los pocos habitantes que quedaban.

Aquella neblina era una asesina lenta y eficaz. La extracción del preciado mineral tenia sus costes ampliamente asumidos por la empresa y el gobierno, pero en aquella población se habían elevado mas allá de lo razonable, de lo previsto en el peor de los imprevistos estudiados.

La vegetación de la zona en cuestión de años había muerto, la fauna local fue asunto de meses y en pocos días, la niebla había envenenado a los pobres diablos que se habían resistido a la mudanza.

Sus instrucciones eran claras y muy sencillas pero las implicaciones de esa orden eran de otra naturaleza.

Su misión era limpiar la zona. La empresa no tenia respaldo económico para indemnizaciones y tampoco querían que esta clase de  incidencias arruinaran un buen año de beneficios. 

No traía medicinas para los enfermos pero tras su paso no quedaría nadie en el hospital.

Tampoco quedaría hospital.

Con paso firme comenzó a descender la colina.



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miércoles, 17 de julio de 2013

Agnes madness


Con desdén, levantó la vista del monitor y dejó que su mirada exhibiera su desprecio mas absoluto.

Ya está bien. 

Estos mequetrefes siempre tenían que molestarla con minucias. ¿A qué venían a su mesa? ¡Aquellos seres no podían respirar sin que ella tuviera que supervisarlo! ¿No podían o, acaso no querían, ser un poco mas independientes? ¿Seria pedir mucho? Tan solo quería un momento para ella, un momento para organizarse debidamente. Sus tareas eran mucho mas importantes y así, con interrupciones constantes era dificilísimo concentrarse. No la respetaban. Ni a ella, ni a su trabajo, ni a nada. 

Ahí estaba todavía, no había dicho nada ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿1 minuto? ¿diez? Su tiempo era oro! y aquel ser se lo estaba robando a manos llenas. Tenia los ojos muy abiertos, como solo puede abrirlos una gacela ante su muerte inminente. Incompetente y muerta de miedo.

Ya no pudo aguantar mas. Esta vez se haría oír. Si los de arriba querían que trabajara allí que la dieran un despacho,. ¡Con puerta y cerrojo!

Se levantó de su cómodo asiento, ignorando por completo a quien tenía delante. Con paso firme y decidido se encaminó hacia una mesa algo alejada de las demás. Cuando llegó, esperó un momento y carraspeó para llamar la atención, parecía que no la hubieran oído llegar.

Pero si que la habían oído. Con desdén levantaron la vista del monitor y dejaron que su mirada exhibiera su desprecio mas absoluto.


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